Flavio
Teodorico 'el Grande' fue rey de los ostrogodos, patricio del imperio y
gobernante de la prefectura de Italia (474-526); tal como era costumbre, había
sido enviado por su padre como rehén a Constantinopla, para asegurar el pago de
los tributos de sus tierras, y allí recibió una educación grecolatina, motivo
por el cual era conocido como ‘el filósofo vestido de púrpura’. Desempeñó un
papel importante en las disputas eclesiásticas de las primeras épocas del
cristianismo y como todo militar romano había adscripto a la herejía
arriana.
Las discusiones religiosas eran intensas aun después del Concilio de Nicea (325) convocado por Constantino, debido a que los gobernantes del imperio buscaban ganar la confianza de sus pueblos y las autoridades eclesiásticas, en épocas en las cuales también era común la inestabilidad política por la paulatina disgregación del poder centralizado romano; aun así, rindió tributo al emperador Zenón de Constantinopla, quien lo envió para reemplazar al general Odoacro, al mando de la provincia itálica. Para sustituirlo organizó un banquete y lo mató con su propia espada, mientras el reemplazado moribundo le preguntaba ¿dónde está Dios? Su eficacia brutal en modo alguno le impidió reflexionar sobre la pregunta final, y habiendo gozado de longevidad, meditó una y otra vez sobre la respuesta adecuada, según cuenta en sus memorias su yerno Eutarico, consignando alguno de los desvelos teológicos del padre de su esposa Amalasunta.
El arrianismo fincó su esfuerzo central en la racionalización de los misterios divinos, y por esta vía, no admitían la existencia de la Santísima Trinidad, colocando en crisis la divinidad de Cristo. Este resultado de simplificación religiosa, llevó a una más sencilla aceptación de las doctrinas de Arrio en la base militar del imperio; el esfuerzo no requería el poder de una inteligencia en abstracto para interpretar la consustancialidad del Hijo, y fue así que penetró fácilmente en el espíritu de los toscos hombres de las centurias. Como todo arriano, Teodorico, comenzó por descreer de aquello que los teólogos de oficio escudriñaban en los misterios, por considerar que en muchos casos se cometían extravagancias, y era partidario de ver las cosas como aparecían a simple vista; fue así que se entregó a la interpretación textual de la Biblia, tratando de responderse aquella pregunta final del asesinado Odoacro.
Sostenía que nada había sido improvisado en el plan del Señor y sus
rastros se leen sin esfuerzo en los primeros versículos de la Biblia; se
crearon los animales, y luego el hombre que debía nombrarlos; dijo el Señor 'hagamos
al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos
los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y
todos los animales que se arrastran por el suelo'. En este párrafo aparece
uno de los primeros misterios de la Creación, el Verbo provoca la incógnita que
se planteara el aprendiz de teólogo, que quedó atrapado en algunas de sus expresiones
literales. Escudriñó primero, el alcance de la expresión ‘hagamos’; a
riesgo de ser considerado hereje, daba a entender que el Señor se encontraba
acompañado por alguien más en aquellos instantes fundacionales; descreyó del
empleo del plural mayestático. Revisó una y otra vez los primeros párrafos del
Libro Sagrado y no pudo establecer a quién se refería. Descartó a la Santísima
Trinidad, aun cuando siempre tuvo la duda respecto del Espíritu Santo, por ser éste, el que habría inspirado la documentación de aquellos actos fundacionales;
acaso su escritor, y aun así, no estaba mencionado en el parágrafo y no era
propio de un arriano, suponerlo.
Desechó este primer intento debido a que la consustancialidad de los Tres, no hacía necesario de que Yahvé hablara en voz alta, y bastaría sólo con que pensara la cuestión y los otros dos la entenderían en el mismo instante; es posible que en la soledad, el hombre hable solo, pero en este caso se trataba de Dios que era puro Logos. La duda lo siguió arrastrando a la segura dimensión de la verificación de su herejía, debido a la intervención de la serpiente en el pasaje en el que induce a Eva, a pecar. La serpiente dialoga con la mujer, con lo cual no es de descartar que aquel animal tuviera el don de lenguas; de hecho, el Señor se dirigió a ella, maldiciendo su actitud y con claridad refiere el texto Sagrado ‘…Y el Señor dijo a la serpiente…’, condenándola a arrastrarse sobre su vientre y otros pesares ...
El cuento completo se puede leer en Amazon bajo el título "Cuentos de Metafísica" en el siguiente vínculo https://www.amazon.com/s?k=cuentos+de+metafisica&i=stripbooks&crid=2SYJPAP6DZVJZ&sprefix=%2Cstripbooks%2C356&ref=nb_sb_ss_recent_1_0_recent
Agradezco el seguimiento de ustedes, y seguiré publicando otras reflexiones en este mismo blog. Saludos cordiales.
Juan López de Rivero.
Brillante. Leo y releo los cuentos de López de Rivero y no me cansan, en cada lectura siento el mismo deleite, son un placer. Lo felicito y gracias por esos momentos
ResponderEliminar