Desliza una tosca rigidez de silueta que ondula
Como aquella
Leucótoe que atrajo al Sol
A su lecho
griego, desorientando en la pasión,
Al día, a
las horas, y a la Luna
Metido entre
el viento y la llanura,
Gira y gira,
a izquierda y a derecha,
Alrededor de
su luz afantasmada
El agua se
adecenta por su brecha
Los
marineros sueñan la noche exacta
Imaginando
la paz de una alcoba en Bretaña
Y escuchan una
fémina y tunante voz inglesa
Que les
cambia la luz por la histórica patraña
Malvinas, le
había deparado este destino,
Por faena
del fervor de la Patria y de su ingenio,
En lugar de
guiarlo en la tormenta
Debía
confundir y extraviar al enemigo
En el
insomnio azul de la cúpula segura
Los alumbra
y oscurece como un sino
Dibuja y
desdibuja la derrota
Corrigiendo
al compás sus desatinos
Los atrapa
con el relato de Ptolomeo
Sufriendo por
el amor de una mujer en Pharos
Los enreda
con historias y borrascas
De amores,
naufragios y desvelos
Les marca el
límite de la tierra
Que no
podrán pisar sin escarmiento
Claromecó, Cabo
de Hornos, Ostia,
Livorno o la
linterna de Génova
No importa
el capricho topográfico
Se encuentra
como estaca en su arena
Con el cuerpo
ajedrezado a dos colores
Y el resplandor
perpetuo entre sus venas
Y sigue
allí, desafiando la brújula y las técnicas
Si fuera
derrotado por la ciencia,
Su inevitable
imagen ya es eterna,
Su recuerdo,
algo más que una leyenda.
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Agradezco a quien comenta porque acompaña el sabor de la escritura, que siempre es de a dos: escritor y lector.