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28 mayo 2023

Un hombre sin apellido.

    Había sufrido su madre el dolor de un parto que no fue tan natural como se esperaba, aun así, creció rodeado de los suyos, preparándose con sacrificio, para una vida que resultaría compleja, dura, rutinaria en los detalles y en las oportunidades. Al igual que todas las vidas.

    Tuvo la suerte de un buen colegio que le suministró las herramientas necesarias para sentir que su existencia guardaba gestos de progreso cultural y material; de tal forma, en el año calendario que había sido dispuesto por alguien, gozaba de algunos días de vacaciones, escasos e insuficientes, para conocer el mar, las montañas y otras complacencias que no le ofrecía su ciudad, tales como el aire puro, la ausencia de ruidos y discusiones de tránsito, la música de un río que se convierte en cascada y forma la mansedumbre de un lago.

    Pudo conocer la magnificencia de la música y el ingenio de la literatura, pero le quedó claro que en ambos casos, apenas disfrutaba de ellas en los cortos momentos libres que tenía durante cada jornada de labor, o bien, trepado a un colectivo oliendo axilas ajenas, sudorosas de trabajo y falta de higiene, mediante la utilización de la tecnología del aislamiento; con esto atesoraba alguna clase de alegría, porque sus auriculares lo confortaban por breves minutos en el tedio del viaje.

    En los mismos trayectos, aprovechaba el descanso transitorio del asiento libre, sólo cuando este milagro se producía. Sentía en estas humildes cuestiones, que cuando llegaba a su casa, luego de un día agotador, conservaba un mínimo de energía para disfrutar de un hijo o caminar sin zapatos.

    Casi a diario se enteraba por las noticias, que había conflictos bélicos y muertos por todas partes; que aquello que había aprendido con el Dios de su infancia, seguía allí vigente, repartido como el bien y el mal, con máscaras o nombres diferentes, y que los demás evitaban aquellos términos para no parecer antiguos, pero no conseguían hacerle ignorar su existencia. Se preguntaba qué era el progreso.

    También el calendario le prodigaba algún respiro el fin de semana, apenas suficiente para pasear por su barrio, pero nunca le alcanzaba para realizar todo aquello que lo movilizaba desde su pensamiento, cercado por la práctica de la reiteración diaria de los mismos modales, hábitos y vicios.

    Eso sí, una vez al año alguien le recordaba que había nacido, celebraba su cumpleaños y se veía acumulando tiempo; en una primera etapa con la atropellada jactancia de la juventud, y luego, envejeciendo en la inercia de la frustración; a pesar de sus estudios, nunca había querido trabajar en una oficina, aun cuando contaba con buenos compañeros de labor e ingresos apropiados a sus expectativas.

    Tampoco se explicaba demasiado por qué celebraba y celebraban su vida sólo una vez al año, cuando llegaba a advertir que había motivos más que suficientes para celebrarla todos los días. A pesar de todo no podía hacerlo por el exceso de reglas a la que estaba sometido, y a edad temprana, comenzó a rechazar aquellas fiestas anuales por parecerles una falta de respeto; una invitación a la tristeza del recuerdo de la torpe edad, solo por un día.

    El inútil invento de la corbata lo asfixiaba y el de la jubilación le marcaba una fecha de decrepitud...

    El cuento completo se puede leer en Amazon bajo el título "Cuentos de Metafísica" en el siguiente vínculo https://www.amazon.com/s?k=cuentos+de+metafisica&i=stripbooks&crid=2SYJPAP6DZVJZ&sprefix=%2Cstripbooks%2C356&ref=nb_sb_ss_recent_1_0_recent

Agradezco el seguimiento de ustedes, y seguiré publicando otras reflexiones en este mismo blog. Saludos cordiales.

                                    Juan López de Rivero.

27 mayo 2023

Malvinas

 ¿Será un único libro el que leemos?

O varios ejemplares que se cosen

Haciendo de una vida,

varias vidas y muertes en un nombre

Aquél del patio en el colegio del Estado

Con olor a pasto y recreo de campo

¿se habría ido a la guerra en el guano?

O acaso sin marcharse fatigó en las plazas,

Celebrando a Patronas de pueblos en desgracia,

Con tardes calientes y circos mojigatos,

Y pasión de fútbol que se estrella en ventanas

Jugando en el patio donde Queca reinaba

¿o me habré ido a la guerra en el guano?

Y dejé a mil madres llorando tumbas posibles

En calles polvorientas de destinos olvidados,

La vida habrá quedado abrazada a la piedra,

al viento y a otros soldados,

Allá lejos, en una guerra en el guano.

Quien amará las veredas, las perpetuas veredas

De inevitables vecinos y baldosas sumisas

Seré yo, hoy mismo y a esta hora,

O acaso los mares de la muerte me han llevado

Y aquí estoy lejos y enterrado

¿Quién ha muerto y quién ha vivido?

Será la misma sangre impostando las formas

En un río perenne, anónimo y diluido,

Que ha quedado para siempre y trasmano,

Y resiste heroicamente en la tierra del guano.

 

13 mayo 2023

Portaretrato

Alineado y armónico

Esperaba una foto para mostrar,

Tras un vidrio, por muchos años,

Pero su forma no es una forma,

Es un engaño de la vida y el ingenio

Que oculta tras su sospechada estética

Un ayer que verán otros,

Un mañana que acertaron sus protagonistas

Muestra la ternura que confunde

Caras con rosas

Y al amor con los colores sepias,

de las duras horas

Un lenguaje atrapado en la imagen

Que sigue allí, fresca,

Con el pudor de la profundidad

Y el invisible aliento de lo imperturbable

Los hijos del después,

Su ramo ofrecido en mi pecho

Y una mejilla en mi hombro,

Sellaron una vida.

Un vidrio la celebra día a día.


                                                          

Atardecer

La tarde,

Atropella poco a poco a las ventanas

La perra le ladra a un gato al que no alcanza

El patio, nuestro patio,

Oscurece los limones,

Y amenaza con su frío a tus pasos y los malvones

Los colores se apagan

Y queda la noche en el íntimo espacio

de estrellas y sabores

Se amontonan las charlas del verano

Las sombras avanzan por un baldío de soledad

Y en los cuartos busco tu vientre

Aquel que nos trajo dos sonrisas

Tu rostro se afantasma en los espejos

Y respiro algo de tus perfumes

Tus ojos atraviesan la gran casa,

Tu recuerdo me atropella en los rincones.

                                                                               

 

Acamapichtli

  El manuscrito no es ilegible, pero estaba traspapelado, imprudente forma del olvido. Le fue dado todo el poder porque la tarea no era fá...